El Dragón de Papel (il Drago di Carta)

Éste es mi cuento “de bandera”, mi manifiesto literario personal.
La versión original, en italiano, está disponible aquí.

[Torno a tradurre alcuni dei miei pezzi preferiti.
Segue qui la versione spagnola de “Il Drago di Carta”, il mio “manifesto” letterario.]

Al oeste de las llanuras del Obvio, donde el río Pensamiento se deshilacha hasta perder la esperanza de llegar a la mar, allí se encuentra el Pantano de las Banalidades. Es un lugar peligroso, a cada paso existe el riesgo de quedar enviscado y hundirse en un abismo sin fondo.
Allá el Dragón de Papel, criatura de ferocidad antigua, espera paciente que algún idiota vaya a desafiarlo.
Hoy ese idiota soy yo.

Empuño la lanza estilográfica, protejo la cadera con el Escudo de Sinónimos y Antonimos.
Él es inmenso, de un blanco cegador, un origami de Dios.
Mueve la cola sutil y afilada, despliega las alas como cometas gigantes.
El aguazal se encrespa, entre las oleadas ondean como juncos los restos de otros aspirantes escritores
Uno lo reconozco: había salido sin saludar a nadie en el pueblo, blandiendo la Sagrada Honda de los Incipit.
Un excelente herramienta, si tienes buenos proyectiles.
De todas formas en el Pantano de las Banalidades había encontrado solo unos “Había una vez…” y unos “Era una noche oscura y tenebrosa…” y el Dragón lo había matado antes de llegar al clímax.
Otro se había procurado la Armadura de la Similitud, sin embargo el Dragón lo había abierto como una lata de atún.
Otro más llevaba encima el cetro de las Buenas Ideas, pero tuvo aquella pésima de no traerse una una libreta para tomarlas.
En todo sitio que mire encuentro los frutos de la quiebra.
El Dragón de Papel mientras tanto ha tomado el vuelo.
Tengo apenas el tiempo para ampararme tras el Escudo de Sinónimos, que el que hincha el pecho y sopla.
Sopla alienta jadea exhala espira…
Todavía estoy vivo.

Ahora me toca a mí.
Es verdad lo que dicen, que lo difícil es empezar.
Exprimo la fantasía para someter la realidad, luego lo veo: un expediente narrativo flota algo lejos, le salto encima y cojo desprevenido el Dragón, lanzándome hacia su cadera nívea.
La fiera grita, la negra tinta emana de la herida y coagula en palabras, nítidas y claras:
Al oeste de las llanuras del Obvio, donde el río Pensamiento se deshilacha hasta perder la esperanza de llegar a la mar, allí se encuentra el Pantano de las Banalidades…

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